Antes que nada, quiero que sepas que esta investigación ha costado mucho por la “pureza” de cada uno de los usuarios. Y es que encontrar sujetos de casi solo un geniotipo, es imposible.
Investigación conductual:
Hemos realizado un estudio que compara la capacidad de razonamiento numérico entre círculo y cuadrado. Contamos con la ayuda del psicólogo Adrià Trujillo, desarrollador del test del geniotipo, para averiguar si existen diferencias reales entre ambos perfiles. Aplicamos una serie de pruebas matemáticas (resta serial y test PASAT) para evaluar el estrés mental de los participantes a través de la variación de la frecuencia cardíaca en tiempo real (rMSSD) y de la gestión del sistema nervioso (pNN50 y SDNN). Participaron 30 voluntarios y voluntarias, la mitad círculos y la mitad cuadrados. Ambos grupos partieron de un estado de relajación idéntico, y las pruebas se prolongaron 20 minutos, con una pausa de 5 minutos entre ambas.
Al principio, ante tareas matemáticas rápidas como la resta serial —restar de 7 en 7 desde 3000 hasta 0—, los cuadrados demostraron una eficacia brillante, cometiendo significativamente menos errores. En esta fase, su sistema nervioso actuó como un escudo prodigioso: el “freno” parasimpático absorbió el golpe del estrés casi a la perfección, manteniéndolos mucho más estables que a los participantes círculo.


Lo increíble
Pero el verdadero hallazgo llegó al empujar a ambos grupos hasta el límite de la saturación mental. Ante un reto diseñado para colapsar la memoria de trabajo (el test PASAT en su fase más exigente), el rendimiento de ambos grupos se igualó. Sin embargo, la monitorización reveló lo que hemos bautizado como el “esfuerzo compensatorio”: para sostener ese nivel de exigencia, los cuadrados se vieron obligados a inyectar mucha más energía metabólica, acelerando su frecuencia cardíaca casi el doble que los círculos. Es decir, rinden igual o mejor, sí, pero el motor interno trabaja a muchas más revoluciones por minuto.


El desenlace de la prueba nos dio la clave definitiva para entender su día a día. Al terminar los ejercicios y llegar el momento de descansar, los círculos lograron desconectar por completo, relajando sus pulsaciones incluso por debajo del nivel inicial: aguantaron el golpe, pero en cuanto tuvieron oportunidad se alejaron todo lo posible de ese mal trago. En cambio, el organismo de los cuadrados se quedó atrapado en un estado de hiperactivación residual; su corazón tardó mucho más en volver a la calma.
A esto se suma un fenómeno psicológico sorprendente. Aunque ambos grupos declararon sentir exactamente el mismo nivel de agobio mental durante las pruebas, los círculos mostraron una auténtica “ceguera” hacia su propio cuerpo: se agotan, pero su cerebro no percibe ese desgaste físico. Esto explica el aguante de los círculos en trabajos o profesiones que no les gustan, sufriendo en ocasiones lo que hemos bautizado el síndrome de “Teresa de Calcuta”: la capacidad de resistir por sentido del deber, aunque el cuerpo ya haya dicho basta. Los cuadrados, por el contrario, cuentan con un sistema de alarma hipersensible: su mente registra con plena claridad cada caída de su energía biológica.





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